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viernes, 6 de enero de 2012

Extraños en la noche de Iemanjá - novela (fragmento)


















Se escucha el canto de los pájaros como un laúd y la canción triste y susurrante de los palos de las embarcaciones moviéndose con el viento.
También los árboles emiten su música. Son instrumentos. ¿Qué quieren decir? No puedo interpretarlos. Ahora. Estoy demasiado sorda, ¿o tal vez, demasiado sola?, para entenderlos. El sol también habla. Calienta y su calor me abriga y adormece. Me da sueño. De mala gana escribo, me detengo. Es el canto de los patos del pantano a las cuatro y media de la tarde. Me pregunto si García Márquez estuvo alguna vez aquí, contemplando el paisaje. Hubiera escrito acerca de este lugar. De la música del viento, de las hojas secas. De este rincón del Sur, de este paisaje. Me cae una hoja sobre el cuaderno y el canto de unos pajaritos que chillan se mezcla con el agudo de los teros.
¡Tero - Teru - Tero - Teru! - ¡Qué locos son los pájaros! ¡Qué dulce suena la voz de la calandria!. Las hojas del cuaderno se mueven como las velas de los barcos
que están a un costado, sigo escribiendo. Pese a todo.






(c) Araceli Otamendi - todos los derechos reservados

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