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jueves, 16 de diciembre de 2010

Extraños en la noche de Iemanjá - Capítulo 9 (fragmento)





Capítulo 9 - (fragmento)            

            "... - ¿Usted cree en los presagios?
                  Marta pensó durante algunos segundos y después dijo:

                  - En algunos, tal vez.
                  - ¿Qué diría si le digo que esta mañana, encontré un huevo de pájaro, blanco, brillante sobre la cubierta?
                   - ¿Un huevo?
                   - Sí, un huevo. Estaba sobre una lona azul.
                   - Es el inicio de algo - dijo Marta mirando al detective. -¿Dónde está el huevo?
                    - Antes tiene que contestarme algo - dijo Ludwig
                   - ¿Qué cosa?
                   - ¿Qué relación había entre Cintia y su marido?
                   - Primero quiero saber dónde está ese huevo...
Ludwig introdujo la mano en su bolsillo y sacó un pequeño huevo blanco y reluciente y lo puso delante de los ojos de Marta. Los ojos de ella se abrieron inmensos, el asombro se había instalado en su mirada y Ludwig había caminado por la superficie de sus profundos ojos grises, lisa y fría como una playa de arena mojada al atardecer.  Se había aventurado a mirar con descaro los ojos de esa mujer. ¿Qué encerraba en esa mirada? ¿Quién sabe? se preguntó, quién sabe si alguna vez lograría saberlo...".




 (c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados

domingo, 5 de diciembre de 2010

Extraños en la noche de Iemanjá - Capítulo 9 - fragmento



Extraños en la noche de Iemanjá - Capítulo 9 - fragmento

En la playa        
              
Cintia viajaba sola y le preguntó qué era lo que había ocurrido.

                       -¿Lo golpearon?
                       - Sí
                       -¿Quiénes eran?
                       - No lo sé.
                       - En este lugar ocurren cosas muy extrañas - dijo ella
                       - Ya lo creo - contestó él. - Además de que dos tipos me golpearon esta noche, ¿qué otras cosas pasan?
                      - La lista es innumerable. Pero usted no puede quedarse aquí solo. Venga a mi auto, lo voy a llevar a la casa.
                      - ¿A la casa? ¿de quién?
                      - Vamos a ir a la casa de Marta Agastizábal. Ahí me espera Mario. Estamos pasando unos días con ella.
                       Ludwig pensaba que no era bueno dejar el jeep solo ahí, en ese lugar. Entre Cintia y él, hicieron el esfuerzo de cambiar la goma y siguieron viaje hasta la casa de Marta. Ludwig conducía el jeep y Cintia el renault.

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados