Seguidores

jueves, 2 de diciembre de 2010

El western




El western


"¿Quién me dirá las palabras inútiles, quién me compensará la sangre y la indecisión?"


Fernando Pessoa

"Porque existen muchas posibles muertes
Como existen muchas posibles vidas,
la vida de las cartas, 
la vida de los sueños, 
la vida de las imágenes,
la vida de las palabras que no se dijeron...
como siempre."



Silvina Ocampo



Florece en la ventana con fondo de noche la cara de Cisco Kid. Tiene el sombrero caído hacia un lado, la niña apenas le ve la cara. Ha venido montado a caballo para llevarla. La niña, en la cama, aprieta ahora el oso azul, mientras, afuera, en el comedor, el hombre y la mujer discuten. El corazón le hace tic-tac, tic-tac, tic-tac. Muchas veces durante el día la mujer se mira al espejo y repite: me parezco a María Félix. A veces lo hace mientras se maquilla. La niña no conoce a la actriz. A los tres años la niña tampoco sabe por qué su padre le dice gouge mientras le acaricia el pelo. Apenas él dice esa palabra la niña reacciona y dice: ¡no, no! Y aparta la mano grande de su cabeza mientras el padre sonríe.
Ahora la niña duerme o finge dormir. Casi es una experta en esos avatares de la simulación. Mientras, afuera, el viento arrastra las hojas secas de los árboles, golpea las ventanas, se desinfla sobre el techo y un gato maúlla con cierta congoja. La noche se adelanta en la habitación y la oscuridad es una buena pantalla para proyectar imágenes mientras ellos gritan en el comedor. Hace unas horas apenas la niña ha estado dando vueltas en la calesita del parque subida a un caballo de madera mientras una mujer, se besaba incansablemente con un hombre. Tal vez es necesario ahora llamar a Matt Dillon. El hombre tiene el revólver listo y ella llora, grita suplica y la niña no puede dormir. Matt Dillon es un hombre alto, de linda cara y no se parece a ningún tío ni primo. También es hora que Cisco Kid montado en el caballo blanco entre a la casa para hacer justicia. Tal vez sería mejor

Batt Masterson para salir de aquí. Batt Masterson más elegante y fino, con el sombrero hongo y el bastón. La música es más linda. ¿Sería mejor llamar al llanero solitario? Con su antifaz y con su traje negro, pedirle montar con él en su caballo y salir de aquí para siempre. Y mientras en el comedor la discusión sube de tono Cisco Kid entra en la habitación de la niña y se acerca. Ahora sí puede verle la cara. ¿Podrá salvar a alguien Cisco Kid? ¿Podrá llevar a la niña lejos de ahí? Cuando la niña pasa con su madre junto a una funeraria ve los caballos quietos, para llevar a los muertos al cementerio los adornan con plumas negras. Las terribles pisadas le dan miedo. A esos caballos de los muertos es mejor olvidarlos. La única yegua que conoce la niña es la que lo arrebató de su hogar al abuelo. Y antes de seguir preguntando alguien le explicará que no es una yegua sino una mujer, y que esas cosas ocurren a gente que se llama igual que ellos pero ellos no son, sino que son otros. Tal vez sería mejor llamar a Matt Dillon. Las voces han subido de tono, la niña se baja de la cama y con la oreja apoyada en la puerta escucha una vez más: -Te lo juro, dice ella. Te lo juro, por la nena, estuvimos toda la tarde en la calesita.
Ahora no se oye más que un sollozo ahogado de mujer implorándole a él que guarde el revólver. La niña vuelve a la cama y se tapa con las sábanas. Cierra los ojos y emprende  
el largo viaje una noche más. Esta noche lo hará con Cisco Kid . Monta con él en su caballo blanco, galopa rápido rumbo al Gran Cañón, a la espera del disparo final.







(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados 

martes, 30 de noviembre de 2010

Tarde de lluvia




Ese día llovía a cántaros. Era de tarde. Debía hacer un trámite, sí o sí. Ir al centro ¿pero qué centro? Si en la ciudad no hay un centro sino muchos. El trámite podía hacerse en distintos lugares. Elegí un barrio alejado. Más que nada para no ir a la city. Le escapo a la city. Será porque trabajé en una oficina y luego en otra tantos años en ese lugar que se llama así, city, o zona bancaria o microcentro. Elegí entonces un barrio alejado y como llovía a cántaros decidí ir en subterráneo. ¿Por qué? No lo sé. El tren subterráneo me llevó en unos pocos minutos adonde debía ir. Cuando salí de la boca del subte llovía menos, pero llovía.
La ciudad se veía gris y nublada. Había personas, transeúntes, y estaba animada. Las luces de casi todos los negocios, encendidas.  Después de hacer el trámite entré a un bar. El lugar estaba animado. Una mujer escribía en una notebook. Un hombre leía el diario. Dos mujeres conversaban. Tres hombres en otra mesa también conversaban. El café estaba en una esquina y me gustaba mirar la lluvia detrás de los vidrios.
El viento había empezado a soplar fuerte como si fuera a despejar. Pedí un café y me quedé mirando primero hacia adentro del bar. Había guirnaldas con flores y un letrero que decía: FELIZ PRIMAVERA. El día de la primavera había pasado hacía muchos días y sin embargo el cartel continuaba. En las mesas había ramilletes de flores coloridas y artificiales. Cruzando la avenida había un cine donde proyectaban varios films. Miré la cartelera del diario, no había ninguno que me interesara. Me dediqué durante unos minutos a mirar a mi alrededor, a indagar en las caras de las personas que estaban ahí y a adivinar sus vidas. Ninguna me pareció muy interesante cómo para inventarle una vida y escribirla.
No había nadie con impermeable y rasgos parecidos a Humphrey Bogart, material para inventar un detective. Tampoco había una mujer con los ojos muy maquillados y muchos  anillos en los dedos o una libreta de apuntes que introdujera el misterio en su vida. ¿Algún personaje interesante? No iba a escribir la historia contrafactual, ¿cómo llamarla? de si el personaje A, el hombre sin sombrero ni cigarrillo leyendo el diario en la mesa de enfrente, se hubiera puesto un sombrero y un impermeable, tal vez sería un detective siguiendo a algún parroquiano sentado en ese café. ¿entonces?
Llamé al mozo, pagué el café y me fui. Bajé las escaleras hacia el subte otra vez. Como era la estación terminal y el subte iba casi vacío me senté. Después de unos minutos el tren arrancó y entonces lo ví, al hombre ciego.
Tenía una guitarra en la mano. Se acomodó y empezó a tocar  música. Tenía una voz lindísima, y cantaba “Guantanamera”… y ya se sabe, la canción termina con ese poema de José Martí: “Cultivo una rosa blanca”:

Cultivo una rosa blanca

En junio como en enero

Para el amigo sincero

 que me da su mano franca

 

Y para el cruel que me arranca


el corazón con que vivo,


cardo ni ortiga cultivo;


cultivo una  rosa blanca.

Cada uno de los que viajábamos en ese vagón del tren sacó unas monedas y se las dio al ciego. Ya no pensaba que era un personaje como el hombre ciego del cuento Amor de Clarice Lispector. Era un hombre ciego que se ganaba la vida así, tocando una bella música y cantando Guantanamera.
El viaje en subte a ese barrio alejado valió la pena, aunque más no fuera por haber escuchado al ciego y haber recordado la poesía de Martí.

(c) Araceli Otamendi


jueves, 25 de noviembre de 2010

Extraños en la noche de Iemanjá - Montevideo* - (fragmento)



Extraños en la noche de Iemanjá

Montevideo (fragmento)

“…El de ellos había sido un amor lento, finalmente lento, pensaba. La vio ahí con la cabeza apoyada contra el cristal. Un amor lento, desesperado y en fuga, lento  como las cosas que tardan en morirse o en desaparecer. Seguramente la vieja tarotista sabía del amor porque lo había enviado ahí como si supiera lo que iba a ocurrir.
El pelo, como siempre, lacio y oscuro, apenas pasaba los hombros. Ella tenía un libro sobre la mesa, había tomado un café, y ahora escribía. El atardecer caía lánguido como una gasa. Era un atardecer de Montevideo viejo, antes de que las luces se enciendan y la ciudad tenga vida en los bares, en las librerías, en la calle.


       Me mira y no sé qué mira. Tal vez las cosas se van agrupando por afinidad, se reúnen y no se sabe por qué azar se han conjurado. Si fuéramos personajes, me gustaría saber quién nos escribe, quién nos sueña. Si fuéramos personajes de alguien le diría que nos agregue un poco de humor, eso que les falta a los caldos, a las gallinas y a las orquestas sinfónicas, según decía André Breton. Breton, decía también que la debilidad del humor eran los crepúsculos siempre que parezcan un huevo al plato. Cuando aprendí a manejar me advertían de no salir a la ruta durante el crepúsculo. Humor, rebelión superior del espíritu.

        Tal vez no sea ella, pensaba. Tal vez sea otra, es parecida. La noche se extiende al fondo  como un manto oscuro, con luces de hielo. La idea de pilotear el avión se la dio Renzo Olivera. Pero ¿podía esperar hasta  hablar con ella?..."

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados 

*Montevideo es un capítulo de la novela policial "Extraños en la noche de Iemanjá"


       

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Programa de teatro: Cartas al mediodía, a la manera de Cortázar

(Buenos Aires)

El 21 de septiembre de 2006 - día de la Primavera - en el hemisferio sur se teatralizó el cuento "Cartas al mediodía, a la manera de Cortázar".

El programa de teatro es:







Programa



“Musas” literatura teatralizada








Verónica Schviner “Trate” de Jimena Castiñeira Arce



Georgina Burgos “Cartas al mediodía” de Araceli Otamendi



Verónica Schviner “Psicología Profunda” de Tomas Calell



Verónica Schviner “Desde sus pies” de Gisella Mancuso





Actores; Escritores





Verónica Schviner Jimena Castiñeira Arce



Georgina Burgos Araceli Otamendi

Tomas Calello

Gisella Mancuso



Coordinación General: Las Mil y un Artes



Les deseamos Feliz Primavera!!!

Apuntes filosóficos - Michel Foucault

"...El conocimiento es para mí aquello que debe funcionar como protección de la existencia del individuo y para comprensión del mundo exterior. El conocimiento como medio de subsistencia mediante la comprensión...".
                                                                     Michel Foucault

sábado, 20 de noviembre de 2010

Extraños en la noche de Iemanjá - Capítulo 4- fragmento


Extraños en la noche de Iemanjá - Capítulo 4- fragmento                           
Se presentaron:
- Ernesto Ludwig, guía de turismo.
- Bijou - , me dicen Bijou, dijo ella y agregó: - Espero que le guste el lugar. Fue entonces cuando Ludwig advirtió que la mujer tenía cierto aire de condesa en el despectivo mohín de la boca apretada. Se sintió sonreir por este pensamiento que le había venido a la mente. Aunque Ludwig nunca había estado cerca de una condesa, suponía que era así como debía lucir. Ludwig nunca entendió por qué muchas personas tenían esa predilección por las princesas, condesas y duquesas  europeas en un país de América Latina. Recordaba a su tía de Villa Ballester hojeando una vieja revista donde sí aparecían reyes, príncipes y princesas. Le parecía ridículo e inverosímil   que se hablara de condesas, príncipes y princesas como en los viejos cuentos de hadas. Una locura más, de tantas, pensaba.
La mujer tenía apuro por salir del espacio visual de Olivera y del detective y dijo:
                                - Nunca lo había visto por aquí.

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Extraños en la noche de Iemanjá - Capítulo 7 (fragmento)



Extraños en la noche de Iemanjá – Capítulo 7 (fragmento)

“…¿Por qué no Bijou y Willy? Seguramente Bijou gozaba de libertades que otras mujeres no tenían. Ella manejaba su auto, tenía dinero y además todavía era una mujer joven. Pero cualquiera que hablara con Bijou se daría cuenta que la vida la había dejado desde hacía tiempo como una marea baja, abandonándola en la playa. El mar se había retirado y en la arena estaba Bijou junto al grotesco muestrario de los retazos de cosas que dejaba. Ludwig escuchó el grito de los pelícanos, aturdían. Ludwig veía a Bijou y a la adivina mirar las cartas, concentradas. Pensaba en que él también podría hacerse tirar las cartas y que por fin podría ver su vida como en un film donde los vencedores recogieran imágenes de la victoria y del campo de batalla. No había sido necesario un director de escena, el montaje, la elección de los actores, todo había sido hecho en su vida. Salió como salió, se dijo.¿Qué importancia tenía ahora? Mientras durara la investigación del caso Willy Agastizábal, el escenario del campo de batalla no era más tétrico que el de un viejo estudio de Hollywood, construido en cartón y madera. Tomar una decisión de vida. La frase lo había dejado paralizado cuando la escuchó por primera vez. La habia pronunciado su ex-mujer, pero esa era otra historia. La vida se había partido en dos y él había tenido coraje para sublevarse y seguir. ..

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados

lunes, 15 de noviembre de 2010

Apuntes sobre Paul Gauguin*




(Buenos Aires) Araceli Otamendi


Iniciamos con estos apuntes sobre Paul Gauguin una serie de publicaciones que estará destinada a difundir a los más grandes pintores. Por supuesto, la selección estará de acuerdo con mi gusto particular e intento poner énfasis en los grandes artistas.
Como dice el filósofo Félix de Azúa: para ver la obra de arte, realmente, es menester crearla, inventarla cada vez, porque la obra de arte no es "de" Leonardo da Vinci, por ejemplo, sino del contemplador que la sostiene suspendida sobre el vacío de la aniquilación gracias a su actividad intelectual o física....

Paul Gauguin (París, 1848- Islas Marquesas, 1903), se inició en la pintura bajo la influencia de Cézanne, aunque después supo encontrar su propio camino con una obra colorista y de formas cada vez más simples. Su espíritu viajero lo llevó a Tahití donde creó sus obras más conocidas y murió en la más absoluta pobreza.
En octubre de 2004 el Museo Thyssen presentó una gran exposición de Gauguin y los pintores simbolistas en España. Para esa muestra el Museo Nacional de Bellas Artes de la Argentina prestó una de las obras del artista que pertenece a su colección permanente "Bañistas en Bretaña".

www.mnba.org.ar/obras_autor.php?autor=131&obra=284&opcion=1

Paul Gauguin es uno de mis pintores favoritos y por eso decidí publicar estos apuntes.
En la ilustración, tapa de una biografía del artista de Guillermo Solana, se puede ver la pintura "La orana María".

En esa  biografía de Gauguin escrita por  Guillermo Solana, comisario de la muestra Gauguin y los orígenes del simbolismo, donde se constituyó un ambicioso y concienzudo intento de definir el papel del artista como uno de los fundadores del modernismo - la exposición estuvo centrada en el período de formación de Gauguin, de 1884 a 1891, el año en que se marchó a París para instalarse en Tahití- , se da la siguiente interpretación:

Esta pintura es una versión tahitiana de un asunto de la iconografía cristiana, aunque es más difícil decir de qué tema: el título, que significa Te saludo María, sugiere que se trata de una Anunciación; pero la Virgen aparece con el Niño a cuestas, indicando más bien una Adoración de los pastores. Las dos adoradoras proceden de los relieves del templo budista en Borobudur (Java). Hay todavía una quinta figura: el ángel semioculto entre las ramas del arbusto florido, que sostiene la palma del martirio como una premonición del futuro sacrificio del Niño Dios.
Para indicar que se trata de una aparición, Gauguin ha camuflado ese espíritu entre el follaje, emulando al pintor Jules Bastien-Lepage en su cuadro Juana de Arco (1879), donde las voces que oye la campesina Juana se materializan a su espalda en tres figuras como ectoplasmas transparentes confundidas con la pared de la casa y las ramas de los árboles.

Los escritos de Gauguin

Además de pintar muchísimo, Gauguin también escribía, fundaba revistas y las dirigía. Entre los escritos del pintor, voy a detenerme en los Escritos de un salvaje y en el Diario íntimo.

Escritos de un salvaje

Algunos fragmentos de este libro nos dan una idea acerca del pensamiento del artista, a quien muchos críticos defenestraban, no comprendían. "Para juzgar un libro hay que tener inteligencia y conocimientos. Para juzgar la pintura y la música, es preciso tener - además de inteligencia y ciencia artística - sensaciones especiales ante la naturaleza, es preciso, en una palabra, haber nacido artista y muchos son llamados pero pocos los elegidos".

"(...) La literatura es el pensamiento humano descrito mediante la palabra. Por mucho talento que usted tenga para contarme cómo Otelo llega, con el corazón devorado por los celos, a matar a Desdémona, mi alma nunca se sentirá tan impresionada como si yo hubiera visto con mis propios ojos a Otelo avanzando por la habitación, con la frente cubierta de tempestad (1). También ustedes necesitan del teatro para completar su obra.
Usted puede describir con talento una tempestad pero nunca llegará a transmitirse esa sensación."

(1) se refiere al cuadro de Delacroix que pertenecía a Gustave Arosa, financiero y coleccionista, amigo de su madre, que fue quien le había conseguido su empleo en la oficina de Bertin.

"Se aprende primero a dibujar y después a pintar, lo cual viene a decir que se va a colorear dentro de un contorno ya preparado, más o menos como una estatua que se pinta. Confieso que, hasta el momento, sólo he comprendido en este ejercicio una cosa y es que el color no es más que un accesorio. "Señor, es necesario dibujar correctamente antes de pintar", y esto se dice en un tono doctoral: aunque, por otro lado, las mayores barbaridades suelen decirse de este modo".
"(...) ¡Felices los pintores antiguos que no tenían academia.
Desde hace cincuenta años las cosas han cambiado, el Estado protege cada vez más la mediocridad y ha habido que inventar profesores a medida para todo el mundo. Sin embargo, al lado de todos estos pedantes, también ha habido luchadores valientes y se han atrevido a mostrar pintura sin receta. Rousseau, a quien ridiculizaban, está hoy en el Louvre, a pesar de ellos, Millet también..."
"... la gran base de lo bello es la armonía. En consecuencia, las insulsas coqueterías de línea no encajan con un material severo. Los colores vacíos al lado de colores llenos no están en armonía. Y vean qué artista es la naturaleza. Los colores que se obtienen con un mismo fuego siempre son armónicos..."
"... Mi casa amanecía radiante cada mañana. El oro del rostro de Tehamana lo inundaba todo a su alrededor y los dos, en un arroyo vecino, íbamos con naturalidad, sencillamente, como en el paraíso, a refrescarnos...".
"...Le interesan mucho las estrellas; me pregunta cómo se llama, en francés, la estrella de la mañana y la de la tarde. Le cuesta entender que la tierra gira alrededor del sol. Por su parte, ella me nombra las estrellas en su idioma. (...). Lo que nunca quiso admitir es que las estrellas fugaces, frecuentes en este país, y que atraviesan el cielo lentamente, melancólicamente, no sean tupapaus...".
Diario íntimo
"...Invierno de 1886

La nieve comienza a caer; es invierno.Quiero ahorraros la descripción: es simplemente la nieve. Los pobres están sufriendo. A menudo no comprenden esto los caseros.
En este día de diciembre, en la calle Lépic de nuestra buena ciudad de París, los transeúntes se dan más prisa que de costumbre, pues no tienen deseos de callejear. Entre ellos se encuentra un hombre fantásticamente vestido que, tiritando, se apresura para llegar a los bulevares exteriores. Está envuelto en un sobretodo de piel de oveja con una gorra que es sin duda de piel de conejo, y tiene una hirsuta barba pelirroja. Parece un
arriero.

No lo miréis por encima; por más frío que haga, no sigáis vuestro camino sin observar cuidadosamente la mano blanca y graciosa y esos ojos azules que son tan claros e infantiles. Es algún pobre mendigo seguramente.
Su nombre es Vicent Van Gogh..."
"El nativo de las Marquesas no es de manera alguna un individuo terrible; por el contrario, es un hombre inteligente y completamente incapaz de tramar algo malo. De tan amable que es resulta casi tonto, y es temeroso de todos los que tienen autoridad. La gente dice que ha sido antropófago, figurándose que esto ha terminado, lo que es un error. Lo es todavía, pero sin ferocidad; le gusta la carne humana como al ruso le gusta el caviar, como al cosaco le gusta una vela de sebo. Preguntad a un anciano adormecido si le interesa la carne humana; completamente despierto - una vez siquiera - con los ojos relucientes, os responderá con infinita amabilidad: "¡Oh, qué rica es"
Naturalmente son unas pocas excepciones; excepcionales como son, inspiran un gran terror a todos los otros..."
"Los nativos están acostumbrados a basar su conducta en el terror que les inspiran los malvados. Cualquier persona que no se atenga a esta regla sería condenada a muerte de inmediato. Cuando se comete un crimen todos saben acerca de él; pero ante el tribunal nadie sabe nada.
Los testigos embrollan sus respuestas con oscuridades. Su lenguaje - siempre mal interpretado - les da toda clase de facilidades para hacerlo. Son capaces de atenuar todas las contradicciones con notable inteligencia e imperturbable compostura...".
"Mi abuela era una anciana dama divertida. Su nombre era Flora Tristán. Proudhon dice que tenía genio. Cómo no sé nada al respecto, le tomo la palabra a Proudhon.
Estaba vinculada con toda suerte de asuntos socialistas, entre ellos los sindicatos obreros. Los agradecidos obreros le erigieron un monumento en el cementerio de Burdeos. Es probable que no supiera cocinar.
¡Una literata socialista-anarquista! A ella, en sociead con el tío Enfantin, se les atribuyó la fundación de cierta religión, la religión de Mapa, en la que Enfantin era el dios Ma y ella la diosa Pa.
Nunca he sido capaz de distinguir entre la verdad y la fábula, y os ofrezco esto por lo que vale. Murió en 1844; muchas delegaciones siguieron su féretro. Lo que puedo deciros con seguridad, sin embargo, es que Flora Tristán era una dama muy bella y noble. Era íntima amiga de la señora Desbordes-Valmore. También sé que gastó su fortuna entera por la causa de los trabajadores, viajando incesantemente. En el intervalo fue a Perú a ver a su tío, el ciudadano don Pío de Tristán de Moscoso (de una familia aragonesa). ..."



(c) Araceli Otamendi- Archivos del Sur - Todos los derechos reservados




Bibliografía:
Guillermo Solana, Gauguin, Arlanza Ediciones S.A.
Paul Gauguin, Diario íntimo, Editorial Leviatan
Paul Gauguin, Escritos de un salvaje, Editorial Istmo


*nota publicada originalmente en la revista Archivos del Sur

viernes, 12 de noviembre de 2010

Extraños en la noche de Iemanjá - novela - Capítulo 6 (fragmento)



Novela policial 
Extraños en la noche de Iemanjá
Capítulo 6 
(fragmento)

…¿Por qué las personas mienten tanto? pensaba. Para vivir en sociedad es necesario saber mentir. Y él quería descubrir la verdad, por lo menos de la muerte de Willy Agastizábal. Entonces él no entraba en la trama de la mentira, no quería caer en su red ¿o tal vez sí? Algo detuvo sus pensamientos, sintió un terrible dolor en un pie y gritó,  la expresión de mansedumbre y éxtasis que tenía hasta hacía momentos había desaparecido y el pie le sangraba. Recién cuando vio la sangre en la arena se dio cuenta del terrible dolor causado por un cangrejo que le apresaba con sus pinzas los dedos del pie derecho. Ludwig  tenía los pies sobre la espuma de la orilla, sobre el encaje que se deshacía hasta convertirse en espuma. No había visto la resaca de ramas y vidrios rotos que cubría la arena mojada. Ludwig tironeó del cangrejo. Era rosado y lo arrojó al agua. Después se frotó los dedos con agua de mar.
                              El detective se preguntaba si el destino del cangrejo sería el vientre de algún pez o de algún hombre o, como los pulpos crecería en las grietas de las rocas a salvo. Sólo que seguramente, una vez que estuviera en el vientre de algún pez o de algún hombre no sería vomitado como Jonás por el vientre del pez, como dice la Biblia. Sino que sería triturado y digerido.

                                Detuvo la mirada en un charco que hasta hacía unos momentos no estaba ni tampoco estaría después. En el charco brillaban las escamas de un pez plateado retorciendo la cola. Lo observaba cómo se movía. Parecía un cometa. Después vino una ola y lo cubrió  y el charco y el pez desaparecieron de su vista. Cuando la ola se replegó hacia el mar, Ludwig vio el hueco sin nada y luego se apartó de la orilla. Su mente se apartó también de ese lugar de tan espléndida belleza. Sabía que también ese momento pasaría, sin duda ya había pasado, sin duda volvería a haber momentos parecidos otra vez, pero nunca iguales. Mónica hubiera hablado de Heráclito.  Se quedó así durante algunos segundos. Y casi enseguida escuchó el lejano canto de los nativos: "O mae, mae mae....".
                             A lo lejos, algunas lanchas se balanceaban sobre las olas como pájaros…”.

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados 
                             

sábado, 6 de noviembre de 2010

Cuentos chinos apócrifos - Historia de Lin Sei

Victorica, Naturaleza muerta



Cuentos chinos apócrifos

Historia de Lin Sei

    En la enciclopedia británica, mientras investigaba un crimen en el reino de Wei Wei en el siglo III a.c., el detective Ronald Briten encontró lo siguiente:

Lin Sei escribía poemas. Fue un día a la casa de Tsu Tsu, rico comerciante de frutas y sedas. Lin Sei conocía la afición de Tsu Tsu por algunos poemas y le ofreció cambiar algunos poemas por naranjas y sedas. Tsu Tsu habló durante más de dos horas del placer que le causaba la lectura de los poemas mientras Lin Sei escuchaba. Finalmente Tsu Tsu ofreció a Lin Sei una habitación en su casa para tejer cestas de mimbre. Lin Sei no aceptó y siguió escribiendo poemas.

Ronald Briten, el detective, hizo una señal en la página de la enciclopedia sobre Lin Sei. La máquina del tiempo había arrancado y se introdujo en ella para ir varios siglos atrás….

© Araceli Otamendi

martes, 26 de octubre de 2010

Apuntes sobre arte argentino: Carlos Morel- Tercera parte



Carlos Morel: Precursor del arte argentino – Tercera parte



(Buenos Aires) Araceli Otamendi

A medida que investigo acerca de los precursores del arte argentino, encuentro en diversos libros más datos de Carlos Morel considerado el primer pintor argentino nativo.
Sigue figurando como lugar de nacimiento la antigua ciudad de Quilmes. Sin embargo, según la investigación realizada y que ya se ha publicado en notas anteriores, Carlos Morel se radicó en Quilmes en 1870, según lo indica Agustín Matienzo – descendiente del pintor – en el libro “Carlos Morel” precursor del arte argentino.
En cuanto a su lugar en el mundo del arte argentino, Morel figura como uno de los artistas más destacados y el primer pintor argentino nativo que forjó su cultura artística en nuestro medio. Fue discípulo de José Guth y de Pablo Caccianiga.
Egresó a los dieciocho años con altas calificaciones y en 1835 comenzó su actividad al pintar miniaturas asociado con García del Molino.
Según el testimonio de Matienzo la vida de Morel en su ancianidad y después de la muerte de su hermana, Indalecia Morel de Dupuy, transcurrió serenamente.

“…Reconstruyamos en primer término su fisonomía, en base a los recuerdos de aquellos y a la fotografía reproducida (Lámina XLIX), obtenida en la ciudad de La Plata en 1889, cuanto contaba, por lo tanto, 76 años.
La mirada, vivaz aún, anima un rostro apenas oval, enmarcado por la barba blanca, corta y espesa. El cabello, abundante para la edad, es negro y marcadamente canoso; erguido el porte, a pesar de la más bien baja estatura; pulcro y correcto el vestir y finas las maneras. (1).
Una amplia habitación separada de la edificación principal, entre el patio que centra añoso pino y la sombreada huerta-jardín, es a la vez dormitorio y taller. En ella permanece buena parte del día, entregado a la pintura de motivos por lo general religiosos (2), a trabajos de bordado en blanco, algunos de los cuales aún se conservan, y a la lectura de los libros, diarios o publicaciones periódicas que llegan a la casa.
Agradable conversador, de léxico cuidado, discurre con frecuencia sobre autores de la antigüedad clásica, o la historia, vida y costumbres de pueblos extraños, conocidas a través de sus inquietudes de otras épocas y que según queda expuesto, no ha abandonado. Rara vez encuentra tema en sus recuerdos. Cuando lo hace, omite, al parecer deliberadamente, toda referencia al orden personal o familiar. A ello se debe, en gran medida, el desconocimiento de su vida anterior. Nadie escucha de sus labios noticia alguna, y el temor de actualizar posibles hechos ingratos pone reserva en las preguntas.
Con sus sobrinos políticos Juan Iturralde y Francisco Labourt, sostiene largas conversaciones en francés, idioma que domina, y en cuyos rudimentos inicia a algunos de sus sobrinos nietos, a quienes reúne con tal fin en el comedor de la casa. Se cree, asimismo, que no fue ajeno el inglés a sus conocimientos.
La música lo atrae, y se recuerdan sus ejecuciones en violín, que considerada su avanzada edad, permiten presumir el ajustado intérprete de horas mejores…”.

(1)   Destacan sus ya nombrados familiares este último rasgo de su personalidad.  Así, al abandonar su habitación, lo hace por lo general, en irreprochable traje de calle. Es su sastre don Guillermo Thiemer, alemán, quien se traslada desde Buenos Aires, donde está establecido, para realizar las pruebas de rigor. Severo y exigente el anciano, le obliga a rectificar cualquier error, por pequeño que fuere.

(2)   Quehacer éste que habría abandonado unos diez años antes de su muerte

Bibliografía:

Agustín Matienzo, Carlos Morel precursor del arte argentino, Editorial Emecé

José Cosmelli Ibáñez, Historia de la cultura argentina, Editorial Troquel


 (c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur

Apuntes sobre arte argentino: Carlos Morel- Primera parte




Carlos Morel, un auténtico precursor de la pintura argentina

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

Carlos Morel aparece como nacido en Quilmes (Provincia de Buenos Aires) en 1813 y fallecido en esa ciudad en 1894, pero dedicado a la pintura sólo hasta los treinta años, cuando al parecer una alteración nerviosa cambió el curso de su vida. (1) (6)
Sin embargo, las investigaciones llevadas a cabo por esta revista en el Museo Municipal de Artes visuales de Quilmes Víctor Roverano señalan en una bibliografía que Carlos Morel nació efectivamente en 1813, el día 8 de febrero, pero en la ciudad de Buenos Aires y murió en Quilmes (Provincia de Buenos Aires) el 10 de septiembre de 1894.


Dice textualmente la bibliografía:

“Nace en Buenos Aires el 8 de febrero de 1813, su familia es próspera y numerosa, no obstante su vida se ve de pronto alterada por todo tipo de vicisitudes. En 1830 egresa de la Escuela de Dibujo de la Universidad, donde tuvo por maestros a J.Güth y a P. Caccianiga. Los problemas económicos lo alejan periódicamente de la pintura. Se asocia con su amigo y compañero Fernando García del Molino, con quien realiza en colaboración varios retratos en miniatura. En 1837, Marcos Sastre en la apertura del Salón Literario ya menciona a Morel, junto a otros artistas, diciendo: “…de ellos se gloriará algún día la Nación…”. (5)

Según el libro de María Laura San Martín: La pintura en la Argentina, editado por Claridad, Morel “había estudiando en la Escuela de Dibujo
de la Universidad de Buenos Aires y no viajó a Europa. Su obra se encuadra dentro de un costumbrismo realista, pero con más verdad, dinamismo y emoción que el anotado para los pintores extranjeros de la época inicial. Su temática es la del gaucho en su vida libre y romántica y las movidas escenas de las batallas, y en esto es, como lo llama Agustín Matienzo, un auténtico precursor…” (2)

“La pintura de Morel prefigura el cuadro histórico, un poco pintoresco y un poco romántico de Blanes, López, Ballerini, Demaría y otros que vendrán luego…”. (1).

En otra publicación del Centro Editor de América Latina ya se consideraba a Carlos Morel cronológicamente  como el primer pintor argentino:

“…Pintó retratos, batallas, grabó tipos y escenas y es el autor de La calle larga de Barracas, de alto nivel y muy audaz para la época en la cual fue pintada: el tratamiento de las sombras y de los reflejos anticipa algunos de los recursos impresionistas…”. (3)

Laura Malosetti Costa afirma: …”Durante el período rosista comenzó la actividad de los primeros artistas locales formados con aquellos extranjeros que habían abierto su taller en la ciudad. Uno de ellos fue Carlos Morel, quien se dedicó a pintar escenas costumbristas, episodios militares y paisajes continuando en buena medida la mirada “desde afuera”, atenta a lo pintoresco y peculiar, que habían dirigido sobre la región los artistas europeos. Hay sin embargo un dinamismo romántico en sus escenas militares, que revela en este artista un interés estético más allá de la documentación iconográfica..”. (4).

Y según la bibliografía suministrada por el Museo Municipal de Artes Visuales de Quilmes “Víctor Roverano”: “…es quizás en el grabado donde Morel desarrolla su vocación más profunda, plasmar su tiempo, en la imagen de su pueblo, observado íntima y delicadamente en su cotidianeidad, del todo alejada el exotismo tan afecto al romanticismo europeo. Si bien retrata en sus litografías a los personajes políticos de su época (Rosas, Medrano, V. López, Arana, Insiarte, Gómez de Fonseca, Urquiza), es en la Serie Grande de Ibarra y en Usos y costumbres del Río de la Plata donde vuelca su conocimiento y fervor por lo popular argentino.
A partir de 1844 su figura pública se opaca lentamente, se traslada a Quilmes donde se instala como fotógrafo, acompañando a su hermana Indalecia, viuda de Dupuy. Realiza trabajos menores, algunos públicos hoy desaparecidos (retablo para la Casa Parroquial,, telones y bastidores para el Teatro del Salón Municipal), se conservan de esta época dos óleos en el lMuseo Histórico Regional de Almirante Brown de Bernal….”. (5)

También de acuerdo con esta misma bibliografía:

“… Su obra más importante la produce en los pocos años que transcurren entre 1835 y 1845. Un oscuro episodio, transmitido por tradición oral, lo sume en la melancolía y la demencia, quebrando su desarrollo artístico. Cuenta la leyenda que salvó milagrosamente su vida, momento antes de su ejecución a manos de la Mazorca, al llegar una orden personal de Rosas en su favor, su cuñado José María Dupuy, no corrió su misma suerte y fue ejecutado. Si embargo esta historia se contradice con la documentación histórica que lo ubica en Brasil, cuando este hecho ocurre.
Y es el primer pintor argentino que exhibe predilección por los temas costumbristas criollos y retrata al Gaucho con exquisita dedicación. En su paleta y composición se descubren rasgos de un incipiente romanticismo, ya observado por críticos e historiadores de su arte. Sus principales obras pictóricas, realizadas entre 1839 y 1842 son: Carga de caballería del Ejército federal (óleo), Caballería gaucha (acuarela), Mercado de carretas en la Plaza Monserrat (óleo), Payada en una pulpería (óleo), La calle larga de Barracas (óleo sin fechar), Retratos al óleo: Macedonia Escardó, Patricio Peralta Ramos, Florencio Escardó, Retrato del Pintor (sin fechar), Miniaturas: Retrato de José M. Dupuy, y en colaboración con F. García del Molino: Retratos de Gral. F. Aldao, Ramona Luna, Rosas, Encarnación Ezcurra, Vicente Corvalán…”. (5)


Museos que poseen obras de Carlos Morel

Y en los catálogos de:

Museo Nacional de Bellas Artes de la Argentina
Museo Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat


Un dato que ha de tenerse en cuenta es que la Escuela Municipal de Bellas Artes de la ciudad de Quilmes lleva el nombre de Carlos Morel.


© Araceli Otamendi – Archivos del Sur




Bibliografía:


(1) María Laura San Martín, La pintura en la Argentina, Editorial Claridad

(2) cita en La pintura en la Argentina,María Laura San Martín, Editorial Claridad: Agustín Matienzo, Carlos Morel precursor del arte argentinol, Buenos Aires, Emecé.

(3) Abraham Haber, La pintura argentina, Vanguardia y Tradición, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, setiembre de 1975.

(4) Laura Malosetti Costa, Pintura Argentina, Precursores I, Ediciones del Banco Velox



(5) Bibliografía suministrada por el Museo Municipal de Artes Visuales Víctor Roverano de la ciudad de Quilmes

(6) Catálogo del Museo de la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat

Apuntes sobre arte argentino: Carlos Morel- Segunda parte


Carlos Morel, auténtico precursor - Segunda parte



(Buenos Aires) Araceli Otamendi

Continuando con Apuntes sobre arte argentino, brindamos ahora la segunda parte de Carlos Morel – Auténtico precursor del arte argentino. Nos abocamos ahora a ofrecer a los lectores parte del testimonio de Agustín Matienzo pariente del pintor y autor del libro  “Carlos Morel, precursor del arte argentino” editado por Emecé en – libro agotadísimo – y que con gran esfuerzo rastreamos por innumerables librerías de la ciudad de Buenos Aires hasta que lo ubicamos en una librería de libros antiguos, y también al testimonio de Alfredo González Garaño, quien prologa el libro.



“…La existencia, por ejemplo, de Carlos Morel, el primero cronológicamente y, sin duda, el más dotado de los que dieron prestigio a las artes plásticas argentinas en la primera mitad del siglo XIX, es la más oculta, la más desconocida, debido a tristes circunstancias. Por ello es de sumo valor la obra escrita por su sobrino-bisnieto, el doctor Agustín Matienzo, pues aporta un gran caudal de datos inéditos sobre la personalidad de tan ilustre argentino.

Bien sabía el historiador lo estéril del terreno en el cual había de realizar sus búsquedas, mas con su agudo espíritu de investigador, su tenacidad, y su recta conducta de estudioso, logró superar todos los obstáculos y dar como feliz a su larga y minuciosa tarea. Así ha podido ampliar y sobrepasar los estudios efectuados anteriormente.

Como labor previa e indispensable, Matienzo ha debido investigar pacientemente en diversos archivos y dar lectura prolija y atenta a numerosos legajos testamentarios, colecciones de diarios y revistas de la època, biografías de los contemporàneos de Morel, estudios y crónicas sobre las Bellas Artes durante nuestro pasado, etcétera. Ha prescindido acertadamente, de todos los detalles basados en la tradición oral, fuente peligrosa de información, dado que se inclina casi siempre a lo pintoresco y aún a lo truculuento…”

Alfredo Gonzàlez Garaño


Apuntes sobre su vida

Radicación de Carlos Morel en la ciudad de Quilmes (Provincia de Buenos Aires)

“Puede afirmarse con certeza su radicación en Quilmes, a partir de 1870…”


“… En aquel hogar, que supo practicar la caridad en su más evangélica acepción, “Tío Carlitos”, como se lo llamaba, pues todos eran en la casa sus sobrinos en distinta generaciòn, no es el partiente indigente a quien, haciendo sentir la protección brindada, se relega a secundario lugar.
Cariño, respeto y comprensión rodean sus días y no le falta jamás la consideración debida a su indiscutido señorío. En prueba de la afirmación , anotemos de camino una circunstancia: nadie se sienta a la mesa familiar, si no lo ha hecho él primeramente, en la cabecera que se le ha destinado"


Cuando Morel se limitó a bordar

“… Queda por considerar un tema capital: el relativo a su salud mental, resentida, según se ha sostenido hasta el presente, por los acontecimientos que ensombrecieron el hogar de su hermana Indalecia (1),

Tal error en la etiologìa, y el desconocimiento de la real naturaleza y gravedad del mal, permitieron el libre juego de la imaginación. Y es así como en algunos trabajos sobre él publicados, sus autores, críticos de arte en su mayoría, hablan de sus últimos años presididos por el terror de la imagen de la muerte, que se le acercó y hubo de hacerlo suyo en el banquillo mazorquero. De ahí también los paralelos: el pintor de las batallas, del ímpetu agresivo, del entrevero bravío, trasmuta su personalidad ante la siniestra visión y desde entonces se limita a bordar y a tratar en sus cuadros santos y madonas…”.




(1) Indalecia Morel – hermana de Carlos Morel en línea paterna,
Casada con José María Dupuy, quien siendo vecino de Quilmes debió abandonar su solar en 1840, luego de que su quinta fuera embargada, semidestruida la casa por el fuego, y rematados los biens muebles, desde el carruaje, recientemente adquirido al Dr. Ireneo Portela y que pasó a poder de Prudencio Rosas, hasta la ropa de cama de sus pequeños hijos.

Se habla de la ejecución de Dupuy en Santos Lugares por orden de Rosas, cuando, por el contrario, tuvo lugar en el cuartel de Ciriaco Cuitiño en Buenos Aires, y sin intervención del Dictador. Así surge de las sentencias condenatorias de los mazorqueros Badía, Troncoso, Alen y el nombrado Cuitiño, que pueden leerse en los ejemplares de La Tribuna de los días 18 de octubre y 30 de diciembre de 1853 y El Nacional del 7 de marzo de 1899, y de la defensa que del nombrado en último término hizo el Dr. Marcelino Ugarte, publicada en el primer número de El Plata Cientìfico y Literario. (pag. 33)


El arte de Morel



“…Morel nunca dio un sentido comercial a su arte, en el que no encontró un medio de vida. No creemos que haya hecho retratos sino esporádicamente. Así se explica el reducido número que de ellos se conoce, pues son precisamente estas obras las que se conservan por su significado emocional, con prescindencia, en general de su valor artístico. ..”


Dos cartas de Morel al General Garmendia

En un artículo del diario La Nación publicado en 1962, Agustín Matienzo destaca a través de dos cartas de Carlos Morel al General José Ignacio Garmendia, escritas y fechadas en Quilmes en 1890, donde el artista le escribe bajo la influencia de un particular estado emocional. “…Luego de casi medio siglo de vida retirada, en la serenidad del hogar familiar, rodeado de afectos y atenciones, el apacible transcurrir de sus dìas se interrumpe y un pasado, intensamente vivido, reaparece con fuerza de plenitud…”.
Garmendia le había pedido a Morel uno de sus cuadros para la galería de artistas argentinos que estaba formando.
En esas cartas, Morel, sale de su mutismo y le responde.

A partir del estudio de estos documentos, Matienzo afirma:

“Hemos sostenido con reiteración que no fue el suyo un estado demencial, como tantas veces, se ha afirmado, sino que se limitó a un debilitamiento general de sus facultades intelectuales. Así lo demuestran las piezas reproducidas. Ellas revelan una mente lúcida; los errores que se advierten son los comunes en personas de avanzada edad y que sólo esporádicamente ejercita la pluma. Estamos, pues, en presencia de un malestar de origen nervioso, que evolucionó favorablemente, y del que apenas quedaron secuelas…”.

(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur

bibliografía:

Agustín Matienzo, Carlos Morel precursor del arte argentino, Editorial Emecé

nota publicada en el diario La Nación, 1962, autor Agustín Matienzo: El pintor Carlos Morel a través de dos cartas esclarecedoras